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A mediados del siglo xiv a. de C. sur­gió la figura controvertida de Amenofis IV, Akenatón, hijo y sucesor de Amenofis III. El rey siguió las tradiciones de sus ante­pasados; sin embargo, pronto Akhenaton separó de la or­todoxia y creó la religión de Atón. Esta fue basada en especulaciones teológicas, que identi­ficaban a Atón con el disco solar, tenido como fuerza eterna y vivificante.

A mediados del siglo xiv a. de C. sur­gió la figura controvertida de Amenofis IV, Akenatón, hijo y sucesor de Amenofis III. El rey siguió las tradiciones de sus ante­pasados; sin embargo, pronto Akhenaton separó de la or­todoxia y creó la religión de Atón. Esta fue basada en especulaciones teológicas, que identi­ficaban a Atón con el disco solar, tenido como fuerza eterna y vivificante.
Tallado en Caliza de la religión Atón.

Este culto aparece con Tutmosis IV y Ame­nofis III. Sin embargo, este adquiere un nuevo y potente desarrollo con Akhenaton, o Akhenatón. Anteriormente llamado Amenofis IV. En esta revo­lución herética se esconden profundos mo­tivos políticos, que se resumen en la fuerte oposición a Amón y a su clero. Quien fue convertido en primera potencia económica del reino, y dotado de gran fuerza política.

Akenatón crea una nueva religión: Atón.

Akenatón pretendía crear una nueva au­tocracia basada en su nueva religión, de la que él era el sumo sacerdote y único intér­prete. Asimismo, abandonó Tebas y cons­truyó una nueva ciudad: “Akhetaton (Tell el-Amarna)”, nueva capital del reino. La reli­gión atoniana es monoteísta y universalista, y no necesita representaciones antropomórficas. Debido a que el disco solar es omnipre­sente. Al ser excluyente, los otros cultos fueron prohibidos, en especial el de Amón, que sufrió una auténtica persecución.

Akenatón pretendía crear una nueva au­tocracia basada en su nueva religión, de la que él era el sumo sacerdote y único intér­prete. Asimismo, abandonó Tebas y cons­truyó una nueva ciudad: "Akhetaton (Tell el-Amarna)", nueva capital del reino. La reli­gión atoniana es monoteísta y universalista, y no necesita representaciones antropomórficas. Debido a que el disco solar es omnipre­sente. Al ser excluyente, los otros cultos fueron prohibidos, en especial el de Amón, que sufrió una auténtica persecución.
Ciudad Akhetaton (Tell el-Amarna)

Akhenaton no tuvo hijos varones, por lo que fueron sus yernos quienes heredaron el trono. Primero Semenkhare, quien reinó conjuntamente con Akhenaton. Luego Tutankhaton, quien permaneció fiel al culto atoniano durante tres años, tras los cuales volvió al uso tradicional y él tomó el nombre de Tutankhamon. Tras varias incidencias sucesorias, el poder pasó a Horemheb, un militar que casó con una princesa real y él contó con el apoyo del clero de Amón. Aunque está considerado el último faraón de la XVIII dinastía, en reali­dad es el fundador de la siguiente. Pues, sen­tó las nuevas bases de Egipto. Su obra, re­sumida en el Edicto de Horemheb, se centró en la reconstrucción del reino en los as­pectos religioso (persecución de la herejía atoniana), político y económico.

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