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El movimiento es una propiedad característica de todas las células, aunque está más o menos acentuado según el tipo, su nivel de diferenciación y el período funcional de la célula.

Generalmente, el movimiento representa el resultado de una serie de procesos metabólicos, a través de los cuales la energía química proporcionada por la coenzima ácido adenosiuntrifosfórico ATP se transforma en energía mecánica.

Se pueden diferenciar distintos movimientos celulares, unos invisibles y otros fácilmente apreciables mediante la observación microscópica.

Las corrientes citoplasmáticas intracelulares son movimientos endocelulares que se observan en el citoplasma, incluso sin que se produzca desplazamiento de la célula, probablemente debidos a las variaciones que se registran en las vacuolas y orgánulos celulares y otros fenómenos del metabolismo celular. En el caso concreto de las diatomeas, algas unicelulares recubiertas de exoesqueleto silícico, los movimientos del citoplasma provocan el desplazamiento de la célula.

En las células que no poseen una membrana rígida, se producen los llamados movimientos ameboideos originados por la variaciones de la viscosidad del citoplasma, que dan lugar (como sucede en las amebas que dan nombre a este movimiento) a una deformación citoplasmática, formándose expansiones transitorias denominadas pseudópodos (falsos pies) que les permiten avanzar y también capturar partículas alimenticias. Cuando los pseudópodos son cortos y gruesos como en el caso ya comentado de las amebas, reciben el nombre de lobópodos, mientras que cuando son muy finos como en los foraminíferos (protozoos provistos de caparazón) son llamados filópodos.

Algunos organismos unicelulares están provistos de flagelos, orgánulos locomotores causantes del movimiento flagelar de las células en medio líquido; éstos pueden considerarse como expansiones citoplasmáticas filiformes móviles, cuya longitud suele superar a la del cuerpo celular, presentes en el grupo de los flagelados, ya sean algas o protozoos, y también en las zoosporas y en los espermatozoides.

El movimiento ciliar, muy ligado al anterior, está producido por los cilios o pestañas vibrátiles, de similar estructura a la de los flagelos, aunque más cortos y mucho más numerosos, y que también producen desplazamiento celular, llevado a cabo según los diversos estímulos físicos o químicos que influyen en las células. El movimiento de los cilios está perfectamente sincronizado y produce en el medio un efecto ondulatorio que facilita la captura de sustancias alimenticias. Su presencia resulta característica de los protozoos ciliados, entre los que se encuentra el paramecio, pero también aparecen en otros organismos, incluso de tipo pluricelular, como por ejemplo el tejido epitelial humano.

Finalmente, hay otro tipo de movimiento, el contráctil, que, tal como su nombre indica, es resultado de una brusca contracción, como la que se produce cuando se arrolla súbitamente el pedúnculo de las vorticelas, protozoos que viven fijados precisamente por el citado pedúnculo.

Ahora a continuación procedemos a estudiar el metabolismo celular: https://www.dragiinfo.com/el-metabolismo-celular/

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